El calendario informal
La huella cultural de una devoción fragmentada
Hay algo que pocas empresas dicen en voz alta… pero casi todas viven.
El calendario oficial no es el que realmente mueve la operación.
En el papel, todo está claro: días laborales, horarios definidos, procesos estructurados. Pero en la práctica, la operación responde a otra lógica. Una más informal. Más difícil de documentar. Y mucho más poderosa.
Es la que se activa cuando las escuelas cambian el ritmo, cuando los clientes dejan de responder igual, cuando los proveedores empiezan a tardar un poco más y cuando el equipo, sin ponerse de acuerdo, empieza a operar distinto.
No es un tema de disciplina. Tampoco de compromiso. Es contexto. Y ese contexto hoy es más complejo que antes.
Durante mucho tiempo, era fácil asumir que estos cambios respondían a una lógica cultural homogénea. Un país mayoritariamente católico, con hábitos relativamente compartidos. Pero esa realidad ya no existe igual.
México sigue teniendo una fuerte raíz cultural, sí. Pero también es un país más diverso, más fragmentado en sus creencias y en sus formas de vivirlas.
Y aun así… el efecto en la operación permanece. Eso es lo que lo vuelve interesante. Porque ya no se trata de religión. Se trata de inercia.
De cómo ciertas dinámicas sociales siguen ordenando la forma en que trabajamos… aunque ya no todos las vivamos igual.
Ahí es donde muchas empresas se quedan cortas. Siguen planeando con el calendario que pueden ver… pero operan en uno que no están gestionando.
De eso trata la columna que publiqué esta semana en El Financiero.
Puedes leerlo en: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/colaborador-invitado/2026/03/25/la-huella-cultural-de-una-devocion-fragmentada/



